1 de junio de 2017

EL JUEGO DE LA AGENCIA

Policía, custodia y vigilancia para el cumplimiento de la normativa legal aplicable en la Comunidad de Madrid, relativa a materia forestal, flora, fauna, caza, pesca, incendios forestales, ecosistemas, aguas continentales, vías pecuarias, espacios naturales protegidos, geomorfología, paisaje y al correcto uso de los recursos naturales y de todo aquello que afecte al medio ambiente natural.
Esta es la función primordial que tiene encomendada el Cuerpo de Agentes Forestales de la Comunidad de Madrid. No existe en la Ley, por supuesto, disposición alguna que establezca que esa función se realiza a hora determinada ni tenemos Reglamento, desgraciadamente, que acote con claridad como debe realizarse y las medidas de seguridad de las que deberíamos disponer.

Así pues, la función existe y se ejerce como se puede y, en ocasiones, como se quiere, cuando se quiere. Y esto que es un hecho, no se ve con malos ojos por aquel que solo es responsable de salvar su responsabilidad cuando viene definido como responsable de garantizar el cumplimiento de aquella función.
Y acostumbrados ya a este proceder nos sorprendemos ante la realidad cuando esta nos despierta del sopor y nos recuerda lo que somos y cual es nuestra función.
Esa realidad aparece de soslayo, cuando a alguien se le ocurre hacer una Agencia de Seguridad y Emergencias y se encuentra en el camino una pequeña piedra denominada Cuerpo de Agentes Forestales. Sin excesivo interés y con la necesidad de meter en algún lado a un Cuerpo al que no se tiene aprecio se proponen las migajas que han dejado aquellos que conforman la primera línea de la futura Agencia.
No, no nos engañemos. Nadie quiere en primera línea de oposición frente al delito o la infracción medioambiental al Cuerpo de Agentes Forestales. Por no querer, no quieren a nadie en esa línea, si acaso y por figurar al SEPRONA. Y nos hemos ido acostumbrando a este parecer y le hemos sacado punta hasta perfeccionar el ejercicio individual de la función protagonista de este escrito. El rango es amplio, tanto como agentes hay.
Resulta curioso, sin embargo, que no queriendo se quiere y no hay otra razón que esa tozuda realidad. Así, los últimos años dedicados con ímpetu a la mejora individual y personal del agente en detrimento de un crecimiento colectivo que redundara en beneficios para todos se toparon con la Agencia de Seguridad y Emergencias y no queriendo cambiar nada pero siendo lo que somos, nos dio por pedir, cuestión que nunca es mala pero que tiene respuesta.
Y en ese absurdo juego entraron todos. Es el juego de la Agencia.

1.      Los que nada querían cambiar pidieron y reivindicaron cuando observaron a otros colectivos crecer.
2.      Los que nada querían ofrecer algo tenían que dar para lo cual pensaron en exigir.
3.      Los que nada querían cambiar al ver que les exigían perdieron el control, y el vértigo de la desconocida exigencia les llevó a doblar la apuesta y pidieron más. Tras seis años sin sobresalto profesional alguno una pequeña dosis de obligación les confundió tanto que acabaron por confundir a todo el colectivo.
4.      El que ofrecía, y recordemos que ninguna gana tenía de hacerlo, rió a carcajadas y mantuvo la exigencia.

Y en esas estamos. La función principal del Cuerpo de Agentes Forestales parece ser que también debería realizarse en horario nocturno y dicen que conviene hacerla, al menos, en patrulla de dos agentes.
Esa es la exigencia del que ofrece y la hace a regañadientes porque el no quería. Y esta es la realidad del agente, reconocida por unos pocos raros y extraños y discutida por aquel que nada quería cambiar pero pidió sin advertir que la contrapartida era la exigencia.
La Administración no tiene interés alguno en que el Cuerpo de Agentes Forestales complete el servicio temporal de sus funciones. Bastaría con aumentar la plantilla considerablemente y encontrar un Acuerdo rápido y satisfactorio. No pretende hacerlo. Salvará la cara con un número escaso que no permitirá una buena solución.
Eso sí, la Administración tiene un as en la manga que olió el primer día. Y sabrá utilizarlo, si llega el caso y tiene interés, a favor de unos pocos y en contra del resto.
La Administración, sin embargo, está considerando, sin querer, proponer al Cuerpo de Agentes Forestales frente a su función principal en toda la temporalidad posible y esto es fundamental. La Administración, además y sin ganas, admite la realidad de la inseguridad de nuestra profesión y propone un patrullaje que siendo limitante para el alcance del Acuerdo es necesario y decisivo para nuestra seguridad. Estos dos hechos son un salto extraordinario para el Cuerpo de Agentes Forestales y unos no saben que lo ofrecen y otros no saben como saltárselos para cuadrar las cuentas.
Es evidente, no obstante, que no puede correr de cuenta del Agente el peso del posible Acuerdo y es ahí donde debe tomarse la decisión oportuna. Entendida desde UNPOLF la interesante posibilidad profesional que se abre y la generación de posibilidades futuras que abre esa oportunidad, es el momento para el debate entre Agentes, para la salida de ideas que posibiliten un Acuerdo de difícil factura más teniendo en cuenta la debilidad actual del colectivo respecto a la capacidad de reivindicación.
¿Cómo cuadrar algo con tantas imperfecciones? El aumento de plantilla y la comarcalización son los dos comodines que se vienen utilizando, por los Agentes, uno, y por la Administración, el otro. Los dos ofrecen soluciones y los dos producen reparos.
A estas alturas, uno se debe pringar y entrar en el juego, evaluar su fuerza y posibilidades. Según hemos visto, desde UNPOLF creemos que tan solo ha evaluado su fuerza y posibilidades el Director General.
Los Agentes Forestales nos hemos dejado por el camino buenos mecanismos que no han sido utilizados, no ha existido demostración alguna de colectivo, todo lo contrario. De toda esta información está servido el Director.
Así pues, jueguen cuanto quieran con esa baraja de dos palos, comarcalización y plantilla. Pero no hagan trampas.

1.      Reconózcase lo que es trabajar por la noche.
2.      Entiéndase que establecer un turno de noche es una consecución profesional del Cuerpo y que de su puesta en marcha se implican responsabilidades futuras para la Administración, las cuales no se contemplan tan fácilmente con un sistema de guardias.
3.      Aprovéchese la coyuntura para reflejar números mínimos suficientes de personal.
4.      Reconózcase que trabajar en una Supracomarca es una recomarcalización.
5.      Casi todos los que formamos este Cuerpo habremos estudiado alguna vez las combinaciones, permutaciones y variaciones matemáticas. Deberemos volver a estudiarlas para entender la enorme gama de posibilidades que se abre cuando en un Acuerdo se dice que en las guardias de verano se actuará ante una emergencia medioambiental con un agente de una comarca y la limítrofe.


Y si del juego de cartas salen varias posibilidades y queremos optar por una, que nunca será ideal ni perfecta, que al menos saquemos rédito a la partida con una subida aceptable del complemento específico y una subida obligada del nivel.
Finalmente, pediros una visión profesional del asunto y una mirada panorámica al contexto en el que nos movemos. Crecer se puede hacer únicamente desde el estricto planteamiento profesional; que crezca el Cuerpo significa ganancia posterior para todos, está demostrado. No tienen, necesariamente, que cambiar mucho los parámetros sobre los que nos movemos ahora, ni la jornada y horario.
El contexto en el que nos hemos situado estos últimos años parece moverse, no sabemos en que dirección ni a que Dirección. La seguridad que encontraba el pelota en las respuestas a sus preguntas ya no las encuentra y se pone nervioso. Ahora nadie sabe ya a que atenerse y cuando eso ocurre solo debe pedirse una cosa, crecimiento profesional estricto. Unos desaparecen, otros se esconden y el Cuerpo ahora mismo es una duda. Probad y llamad por teléfono. Así que empecemos por asegurar nuestro trabajo y profesión y si puede ser dándole un impulso a mejor, y si lleva aparejadas subidas de nivel y específico mejor aún.