16 de junio de 2015

TODOS PROPONEN, NOSOTROS ESPERAMOS.

Con la modificación de la Ley de Montes en el Senado, con las suturas que se pudieron poner a un primer texto indignante, esperamos sin más a un nuevo verano de incendios forestales.
Con las elecciones municipales y de gran parte de las Comunidades Autónomas recién finalizadas y con elecciones generales en menos de medio año, esperamos a un nuevo verano de incendios forestales. Otro más.
Los Agentes Forestales hemos adoptado la táctica de la espera, del aguardo. Parece que al colectivo le va estar agazapado, escondido entre las muchas patas que dicen algunos tiene esta profesión. 

Esperando al cambio político llevan unos cuantos años algunos sin darse cuenta que ese cambio o no se produce o no cambia nada. Sin darse cuenta que el compañero vecino de otra Comunidad espera el cambio contrario con el mismo deseo que él. Ojalá en algún caso y ocasión esa espera tenga final feliz.
Esperando, en la mayoría de los casos, a que no pase nada, a que pasen los días sin que pase algo. A seguir igual sin darse cuenta de que se está peor. A justificar el deterioro profesional con peores males ajenos. A proponer como feroces enemigos intocables e invencibles a aquellos que nos atacan encontrando así cobertura a la inacción.
Esperando a que la organización, grande y fuerte, a la que pertenezco decida por mí, por nosotros, creyendo que lo hace por nuestro bien cuando en realidad lo hace por el suyo propio.
Ahí estamos escondidos todos, tras la mata, tras la roca. Algunos incluso se han fabricado un buen puesto de espera, inadvertido, desde el que todo lo divisan y controlan y desde el que únicamente pretenden que todo siga igual. A la espera.
Y así, esperando, hemos padecido ataques varios que nos han hecho salir, asomarnos. ¡Eh, que estamos aquí! ¡Que nosotros ya llevamos aquí tiempo! Y medio salvado el asunto, inmediatamente, de nuevo, otra vez, a esperar.

El Sindicato Unificado de la Policía (SUP), el de mayor representación, apuesta por la consecución de una profunda renovación en la Policía Nacional. Entiende el sindicato que España atraviesa un momento histórico de cambio social y político y que la institución a la que da voz no puede ser ajeno a él. La unificación del Cuerpo Nacional de Policía con la Guardia Civil es una de las propuestas estrella. Se quiere aprovechar el inminente periodo electoral en el sindicalismo policial para defender la creación de un nuevo cuerpo de Policía Civil.
La Asociación Unificada de la Guardia Civil apoya la propuesta y se suma a ella. Entiende como prioritario este camino y comprende que este es el momento.
La Policía Local está luchando para que se recoja en la Ley de Personal de la Policía Nacional la posible incorporación de sus miembros a la policía nacional. Ya está recogida la posible incorporación de las policías autonómicas.

Y nosotros esperando. ¿A qué? No cabe más posibilidad que a un nuevo ataque normativo ya que dejamos en manos de los demás nuestro futuro.

AEAFMA ha perdido a su Presidente y con él, contactos y actitud. Esgrimió discrepancias con el resto de la Junta Directiva pero desconocemos su alcance. AEAFMA ahora está esperando. Para informar, espera a que uno de sus socios en la Unidad de Acción le informe y éste a que le informe el grupo político afín. Nada más. La cadena establecida no tiene sentido para AEAFMA.
AEAFMA está esperando a que pase el verano y luego ya veremos en la reunión de Valsaín. Está esperando y manteniendo una Unidad de Acción a ver que pasa en el Senado cuando es “vox populi” que uno de los sindicatos participantes apenas participó y cuando lo hizo fue a su manera y conveniencia. Pero es mejor esperar, no decir, no romper, no explicar.
No queda pues otra consideración que esta. Interesa la espera. Interesa mantener la quietud y dejar que otros ideen y, quien sabe, consigan a nuestra costa.

De lo ocurrido con la modificación de la Ley de Montes y si no hay cambio brusco en el Senado, se extrae que aún entendiendo el perjuicio y las posibles limitaciones profesionales, los Agentes Forestales seguimos siendo una policía mixta, administrativa y judicial, aunque es cierto que lo enunciado podría ser más claro, más evidente, más práctico y mejor para lo que representamos y somos.
Ni los antojos corporativos, las presiones interesadas o los orgullos políticos han podido negar lo evidente. Todo lo contrario, a pesar de todo han tenido que reconocerlo.
La política de este país, en todo su conjunto, ha admitido como un hecho algo que era y es. No es un juego de palabras porque también es un hecho que la política admite lo que le viene en gana o lo que le conviene transformando opiniones en hechos según intereses propios. Partidos de la oposición que han reclamado en voz alta la presencia de los Agentes Forestales en la lucha contra el delito medioambiental. El Gobierno que se ha enmendado a sí mismo reconociendo, a su manera, el error normativo a pesar de haber hecho campaña por el no reconocimiento. Sí, por fin hay unanimidad política sobre los Agentes Forestales. Somos una policía mixta, administrativa y judicial.
Las demás policías del Estado español han hecho lo propio. El reconocimiento explícito de cuatro de ellas y el implícito de aquella que pretendiendo modificar nuestro status jurídico lo ha hecho más fuerte por ser ahora más conocido.

¿Y entonces qué hacemos ahora? Parece ser que esperar. Otra vez. Mientras los demás colectivos avanzan o lo intentan al menos, nosotros esperamos.

Somos, como no podía ser de otra manera, protagonistas principales de la seguridad medioambiental de este país y es ahora, según terminan unas elecciones y se nos vienen encima otras, cuando nosotros mismos debemos creernos tal situación.
Gobierne quien gobierne, aquí o allá o en todo el territorio español, lo cierto es que los Agentes Forestales somos una policía mixta, administrativa y judicial y hemos de dar un paso adelante en nuestra exigencia como colectivo. Un paso que para ser exterior tiene obligatoriamente que darse antes de forma interna.
Somos una policía mixta, administrativa y judicial, reconocida por Jueces y Fiscales. Y van a tirar de nosotros y es bueno que nos exijamos lo suficiente para no comprometer nuestro trabajo ni a nuestra propia persona.
Debemos dejar de esperar porque si no, los políticos, otros colectivos policiales, jueces, fiscales y ciudadanos nos lo harán pagar. Porque la responsabilidad de lo que somos es grande, tanto que la inacción frente a ella en vez de evitarla, la hace crecer.
AEAFMA ha capitalizado en buena parte todo el proceso de lucha contra la modificación de la Ley de Montes y ha demostrado una vez más que es necesaria. Ni mejor ni peor, pero sí necesaria. Ni más arriba ni más abajo, necesaria.
Pero AEAFMA sufre de forma impenitente el mismo mal. Su fortaleza es a la vez su debilidad y tras la dimisión del Presidente, Luis Díaz, está a la espera, de nuevo, de conformar su agenda de futuro por sí misma y no por lo que marquen los gobiernos de turno con sus ataques normativos. De disponer su propia iniciativa y representarla y negociarla.

Aquí nadie espera y todos sitúan sus piezas e intereses en el tablero de la seguridad. Nosotros ocupamos un hueco en él pero ni siquiera lo reconocemos. No podemos esperar mucho más. Las decisiones tomadas en Asamblea por AEAFMA, su Hoja de Ruta, están siendo ignoradas. Lo peor es que, actuando así, desdeñamos la profesión y se la entregamos en bandeja a otros que tarde o temprano nos echarán del tablero. Ya van unos cuantos jaques y seguimos aguardando. Además, nos vamos quedando sin piezas.

AEAFMA debe hablar abiertamente de la necesidad de integrar a los Agentes Forestales en la las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. Proclamar que la policía medioambiental somos nosotros. Romper la espera. En ese momento los miedos de algunos desaparecerán y la ambigüedad de otros se modificará hacia el protagonismo porque no hay otra salida posible, otro camino a transitar.


Es necesaria una asamblea extraordinaria de AEAFMA cuanto antes.