14 de enero de 2015

CONOCIMIENTO Y EVOLUCIÓN DE UNA PROFESIÓN


Vivimos en un mundo donde la competencia es máxima. La demostración de validez ya no es
únicamente individual, también se precisa un testimonio colectivo de la necesidad de nuestra profesión.
Los argumentos tantas veces enumerados que relatan la importancia del medio ambiente, de la flora y la fauna, no parecen calar en aquellos que gestionan las Administraciones españolas.    

Comprenden inmediatamente la necesidad de una seguridad pública pero no interiorizan que dentro de ella debe situarse la seguridad medioambiental.
Por otra parte, parece que los Agentes Forestales y Medioambientales ejercemos la profesión sin comprenderla, sin entender que tras ella se sitúan enormes andamiajes que la sustentan. Como si condujéramos un vehículo sin haber prestado atención alguna al estado de los neumáticos, de la mecánica, de las medidas de seguridad más básicas.
Se nos olvida que el coche necesita mantenimiento y más aún, que nuestro vehículo, es decir nuestra profesión, debe competir.
Ejercemos la profesión y la vamos desgastando. Esto viene ocurriendo, salvo excepciones, en los últimos años. A veces una manita de pintura o el arreglo de algún faro, pero poco más.

Encantados como están aquellos que administran de no exigir ITP (Inspección Técnica de Profesiones) alguna, la nuestra parece consumirse entre el desencanto de algunos y el aprovechamiento personal de otros. Proponemos, desde UNPOLF, elevar los debates internos, alentar los proyectos sindicales y luchar posteriormente por conseguir cuantas ideas sean aprobadas por las mayorías participativas de los Agentes Forestales.
Y lo hacemos, exigiendo en primer lugar, el conocimiento de las bases y mecanismos que sustentan nuestra profesión. El entendimiento de todos y cada uno, de los medios que hacen y permiten que nuestro coche, profesión, circule. Y en segundo término, pidiendo la evolución constante de la profesión hacia el lugar que la corresponde porque si no se da esta circunstancia acabará en el cementerio de las profesiones.
La exigencia de plantilla o de medios, siendo importantes, son meros utensilios de las dos necesidades primordiales mencionadas. Son argumentos secundarios frente a lo más importante. Es más, serán consecuencia del buen conocimiento y de la buena evolución de la profesión que ejercemos.
Hoy, brillan por su ausencia los proyectos escritos por nosotros mismos acerca de nuestro trabajo. Empezamos a atisbar datos interesantes que provienen de Castilla La Mancha y Andalucía pero poco más. En frente, la nada. El desempeño sin más. El deterioro. Y hablamos y reiteramos que las propuestas pueden ser todas y que una criba posterior las debe hacer posibles.
Nuestra profesión precisa, para poder ejercerse, una base jurídica evidente. Cuánto más potente sea, mayor defensa tendremos y mayor capacidad de desarrollo. Esa fortaleza debe extenderse tanto en lo propuesto como en el tipo de norma bajo la que se proponga. Y es aquí, donde UNPOLF, ha entendido que se debe buscar la mejor y mayor opción conocida.
El básico entendimiento de los mecanismos que mueven nuestra profesión nos dice a día de hoy que nuestro reconocimiento como Agentes de la Autoridad, Policía Medioambiental, y cosido a ello policía judicial, es incuestionable. Este es el punto de partida básico que permite el ejercicio de nuestro trabajo. Cualquier otra posibilidad confundirá a aquellos que la practiquen y les hará ver, por seguir el símil del motor, que se encuentran en otro tipo de vehículos que pudiendo ser de su gusto no es el de Agente Forestal o Medioambiental.
El nuestro, el que permite velar por el cumplimiento de la legalidad vigente, puede tener diversos accesorios que posteriormente bien pudieran ser utilizados según otras muchas posibilidades, cierto es, pero la base sustancial, necesaria e incontestable es la gama de facultades jurídicas enunciada.
El otro pilar básico de ese entendimiento de la profesión es conseguir situar esa capacidad jurídica en el texto legal de mayor rango posible. Y aquí se entremezclan ya los términos conocimiento y evolución. Porque alcanzar lo mencionado es sin lugar a dudas, evolucionar.
Y es aquí donde el planteamiento de unos y otros difiere. Bien la norma más alta, de más contenido, de más futuro, de más seguridad, que determina la Ley de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad que pedimos unos o bien la promulgación de una Ley específica estatal propia, que piden otros. Entiéndase siempre que de darse esta segunda opción, o al menos de exigirla, siempre seremos distintos de aquellos que se encuentran incluidos en la LFFCCSS. Cierto es que muchos de los que abogan por esta segunda opción precisamente eso quieren dejar claro pero más cierto aún es que esa distinción bien puede hacerse dentro de la propia LFFCCSS, sin perder la fuerza y seguridad que da pertenecer a ella.
Porque la palabra “distinto” la podemos significar nosotros pero también los demás. Y siendo distintos podemos correr el riesgo de vernos abocados a nos ser nada en un futuro no muy lejano. Siendo parecidos, nuestros riesgos se someterán por igual que al resto de Cuerpos de Seguridad. A nuestro entender en un caso podría haber una evidente evolución posterior. En el otro, se corre el riesgo de que ocurra todo lo contrario.
Dejar que la profesión se mantenga en la nada jurídica, sin norma estatal propia alguna, la que fuera, protectora y definidora de lo que somos y como debemos ejercerlo, sería en cualquier caso un suicidio profesional evidente.
Y siendo, a partir de estas bases necesarias, desde las cuales el colectivo puede evolucionar pero, a la vez, entendiendo que el anclaje de nuestra situación jurídica puede perfectamente enconarse o alargarse, bien puede el colectivo rodear el problema, sin dejarlo ni un instante, e ir debatiendo cómo y por dónde debe progresar, qué debe hacer para lograrlo y así, curiosamente, cerrar un círculo y posibilitar al mismo tiempo que esa estructura de pilares jurídicos necesarios se sitúe en el mejor lugar posible.
Es decir, ya sea de forma directa o indirecta, los caminos confluyen en el mismo sitio. En cualquiera de los casos se exige acción y determinismo por parte de los Agentes Forestales y Medioambientales. Y las acciones son absolutamente compatibles. Eso sí, se necesitan ya las ideas y los debates y se precisa olvidar los miedos y la conveniencia que ya habita nuestro quehacer diario.
Muchos entenderán que la evolución del colectivo debe ir hacia ciertas actividades que hoy se practican con asiduidad y por las que empezamos también a ser reconocidos. Otros, que los caminos a recorrer ya están marcados y que debemos mantenernos bien asidos a ellos evolucionando a la vez. Ejemplos pueden ser de aquello la búsqueda y rescate de personas. De esto último, los incendios forestales.
Dando la razón a todos, a los que al menos se preocupan por algo así, y entendiendo como importantes esas u otras actividades en nuestro desarrollo competencial y laboral, en nuestra opinión hay algo más evidente por lo que empezar. Nuestro desarrollo como verdaderos garantes profesionales de la seguridad medioambiental de este país. La consecución de una verdadera policía medioambiental, bien organizada, estructurada, formada y preparada.
Reúnase AEAFMA, la organización más legitimada para ello, y organice unas jornadas y debates abiertos sobre el asunto. A ser posible, désele oficialidad y búsquese el amparo de la Administración estatal. Sí, entendemos la dificultad de lo pedido, pero envuélvase el asunto bajo el lema que se quiera e inténtese.
Bien pudiera llamarse Estrategia de Seguridad Medioambiental Española y bien pudiera invitarse a estos y aquellos. Entre tanto y entre medias, los propios Agentes Forestales deberíamos establecer criterios básicos válidos para todas y cada una de las Administraciones. Y esos criterios, complicados y difíciles de llevar a efecto, lo sabemos, trabajarlos en los lugares de destino de cada uno de nosotros.
Esa evolución pasa por hacerle el primer trabajo a aquellos que gestionan nuestro trabajo y convencerles después de la necesidad de aplicarlo. Si ya venimos hablando y entendemos como lógico un uniforme y vestuario semejante para todos, otras muchas cosas son, al menos, tan necesarias y se encuentran en la cadena de evolución de la profesión.

Proponemos desde UNPOLF un debate abierto en unas jornadas específicas para :

  • Establecer unos criterios básicos de exigencia para el acceso a Policía Medioambiental.
  • Un temario que contemple, evidentemente, las peculiaridades jurídicas y medioambientales de cada Comunidad o Administración, pero que recalque la similitud de una oposición a Policía Medioambiental. Que insista en este asunto y que proclame desde el primer momento donde se entra.
  • La exigencia de una Academia posterior y/o de un período de prácticas que forme a los nuevos Agentes de la policía medioambiental.
  • La demanda de una formación continua necesaria para tantos de nosotros.
Curiosamente, esta es, a la vez, una forma de exigir oposiciones y más plantilla aunque alguno bien podría pensar que así bien pudiera ser más difícil. La contestación es que hoy estamos en la nada. Por debajo ya es imposible.


Por supuesto, escribimos sobre lo más evidente y sobre el principio en el que debe asentarse nuestra profesión. El conocimiento de ella, su situación y acoplamiento jurídico y los primeros matices sobre una evolución necesaria y segura. A partir de ahí, las mentes pueden imaginar cuanto quieran, por qué no.