17 de noviembre de 2014

LA DIFICULTAD DE ENTENDER LO QUE SOMOS


Somos empleados públicos porque desempeñamos funciones retribuidas en las Administraciones Públicas al servicio de los intereses generales.
 
Somos funcionarios de carrera, en virtud de un nombramiento legal, vinculados a una Administración Pública por una relación estatutaria determinada. El desarrollo de nuestras funciones implica la participación directa o indirecta en el ejercicio de las potestades públicas o en la salvaguardia de los intereses generales del Estado y de las Administraciones Públicas, en los términos que en la ley de desarrollo de cada Administración Pública se establezca.

Somos agentes de la autoridad pertenecientes a las Administraciones Públicas que, de acuerdo con su propia normativa, tenemos encomendadas, entre otras funciones, las de policía y custodia de los bienes jurídicos de naturaleza forestal.

Esas funciones de policía y custodia se nos otorgan, y esto es sumamente importante, para el cumplimiento de la normativa aplicable en materia forestal, flora, fauna, caza, pesca, incendios forestales, ecosistemas, aguas continentales, vías pecuarias, espacios naturales protegidos, geomorfología, paisaje, patrimonio histórico-artístico y arqueológico y, en general, para el correcto uso de los recursos naturales.


¿Cuál es el correcto uso de los recursos naturales?

En principio, todos y cada uno de nosotros deberíamos tener clara la contestación. Y debería coincidir plenamente. Aquel que marca la Ley.

Al mismo tiempo, sabemos y conocemos que no todo el mundo entiende ese hecho como real y que alrededor de él se suscitan multitud de opiniones y corrientes. En concreto, respecto al medio ambiente surgen numerosas posibilidades, desde la defensa a ultranza de la naturaleza pasando por una protección basada en aprovechamientos sostenibles hasta llegar a voces que pregonan y practican el exceso de explotación como práctica habitual.

Lo cierto es que las leyes se modifican y es absolutamente normal que en un país democrático se alcen voces hacia un lado u otro y se debata abiertamente sobre una u otra conveniencia. La sociedad, posteriormente decidirá que quiere al respecto.

¿Debe el Agente Forestal participar abiertamente de esos debates?¿Puede tomar partido por una opción?

A esta pregunta se puede contestar de muchas maneras, desde muchos puntos de vista o teniendo en cuenta determinados criterios.
  1. Agente Forestal es una profesión pero no una cualquiera. Aquí, la libertad de ejercicio laboral no es grande. Si en general la capacidad de ejercicio laboral está limitada por una estructura orgánica determinada y una consecución de fines, en el caso del Agente Forestal existen otras limitaciones funcionales evidentes y extremadamente serias e importantes. El hecho de ser funcionario, de prestar un servicio coercitivo y, sobre todo, de enmarcar ese servicio conforme a lo que dispongan reglas y finalmente distribuirlo en orden a la defensa de otras muchas normas, imprime a nuestra profesión una escasa o nula holgura respecto a la opinión personal.

  2. Es evidente que somos personas antes que Agentes Forestales y que por tanto tenemos derecho a participar en cuanto deseemos como tales, a tener las opiniones que queramos tener y a desarrollarlas individual o colectivamente, según nos convenga. Pero tanto es esto como que en ese momento no somos Agentes Forestales y aquí radica uno de los conflictos evidentes de nuestra profesión y un asunto de debate interesante.
Existiría una contradicción manifiesta entre la persona, a nivel particular, y el profesional si las ideas vertidas y defendidas por aquella fueran distintas de lo que la norma marca y obliga al profesional y éste en su actuación se dejara llevar por ellas. Es un galimatías que existe y que debemos considerar.
  1. Los Agentes Forestales nos hemos asociado en torno a organizaciones que velan por nuestros derechos y trabajan por nuestro futuro. Estos organismos recogen nuestras peticiones, las aúnan y posteriormente quedan impresas como el ideario de trabajo a desarrollar. En nuestro caso, esas peticiones y necesidades se encuadran en los apartados orgánicos, funcionales y de medios que afectan a la profesión. Una denominación común para todo el estado español o unas normas básicas que establezcan nuestras funciones y potestades y que por tanto las defiendan son ejemplos de las cuestiones que nos preocupan.
Sin embargo, podríamos entender, o tal vez no, que resultaría más difícil llegar a acuerdos entre nosotros si lo que tratáramos de modificar no fueran las leyes que regulan nuestro trabajo y sí las leyes sobre las que se aplica nuestro trabajo. Así los debates se establecerían no ya sobre lo que afecta únicamente a los Agentes Forestales y sí a la sociedad en general.
Estos debates se han visto y se ven en organizaciones con determinado y sesgado interés político y en ellas, a voluntad del que participa y en el ejercicio libre de su capacidad de ser, se establecen determinados fines que, desgraciadamente, contaminan una profesión que se debe ejercer con pulcritud.

A la vez, otras organizaciones de referencia, han mantenido una neutralidad exquisita respecto a aquello que se alejaba de nuestro desarrollo funcional y orgánico, respetando el juego persona-profesión de la única forma que puede hacerse, es decir, separándolo.
Es evidente, que cada uno de nosotros puede, a la vez, proponerse en las esferas de opinión que crea oportunas, reivindicar cuanto le venga en gana pero debería hacerlo siempre como particular, no como Agente Forestal.
  1. No debe resultar fácil representar a los Agentes Forestales y abstraerse de ideas propias pero hay que ser consciente de lo que somos y de lo que representa nuestro trabajo. En cada reunión, en cada asamblea, congreso o conferencia se es agente forestal. Ahí y en ese momento se defiende nuestro trabajo, por lo tanto lo que se defiende es la ley, la que está en vigor. Es la única forma de no caer en la contradicción.
Exigir el cumplimiento de las normas medioambientales es la base de nuestro trabajo. Como consecuencia de ello hoy denunciamos a un cazador por incumplimiento de determinado precepto pero a la vez estamos posibilitando que cace en las condiciones que marca esa norma. Somos garantes, es nuestra obligación, de que una gran variedad de usos y aprovechamientos se practiquen. Que sean buenos o malos, mejores o peores no nos corresponde decidirlo cuando ejercemos como Agentes Forestales.

Pueden aparecer decenas de ejemplos en los que la conciencia de alguno choque con su trabajo. Deberá entender que el problema es suyo y no de la profesión, ni siquiera de la norma por injusta que le parezca.

Hace unos pocos días, representantes de AEAFMA se reunían con el partido político PACMA. Entendemos, en UNPOLF, que reunirse con este o aquel partido siempre es bueno y seguramente necesario. Entendemos también que de las cien propuestas de PACMA a alguno le gustarán todas, a varios algunas y a otros ninguna. No es este el asunto que queremos reflejar pero da una idea de la dificultad de tratar estos temas y de la necesidad de no hacerlo en la esfera profesional.

La moraleja y el ejemplo que se extrae aquí, y es lo que nos importa, es un hecho posterior que explica el significado de este artículo. A los diez días de esa reunión, PACMA, según aparece en medios de comunicación, cuestiona y critica abiertamente la actuación profesional de los Agentes Rurales por ejercer su trabajo, por realizar batidas contra perros asilvestrados y por poner jaulas trampa.

Desconocemos el alcance de lo hablado en esa reunión salvo que se han abierto canales de colaboración según se nos dice en la web de AEAFMA y no se nos ocurre a nosotros cuestionar a los responsables de PACMA que ejercen y son consecuentes con sus ideas pero es necesario que se explique lo que somos porque debe entenderse que según el momento y según quien escucha podemos ser, a la vez, garantes de la protección de la naturaleza o sujetos abyectos susceptibles de merecidas críticas.

Póngase este ejemplo o cualquier otro en el extremo contrario, aquel en el que seamos vilipendiados por nuestra excesiva protección hacia el medio ambiente como consecuencia de la aplicación de cualquiera de las normas que prohíben esto o aquello. En ambos casos debemos situarnos en el medio del péndulo, en el punto de equilibrio que marca la Ley medioambiental y por nada del mundo debemos ser nosotros, como Agentes, los que busquemos hacerlo mover. Nuestra obligación es, si acaso, encontrar un péndulo mejor, más fuerte, más seguro.

Finalmente y pidiendo perdón por si somos repetitivos, queremos recordar que:
  • Lo cierto es que nuestro trabajo, policía medioambiental, es sencillo de entender. Velar por el cumplimiento de la legislación ambiental vigente.
  • También es cierto que la modificación de esta legislación bien pudiera transformar o puede hacer variar el ejercicio de nuestra labor pero esto no es sencillo. La protección medioambiental española está entroncada ya en la europea e incluso ha sido ésta la que ha dado un serio impulso a aquella en los últimos años. Cambiar los signos de la protección medioambiental resultaría muy complicado y el problema tampoco es la falta de protección y sí, sin embargo, la aplicación de esa legislación y la posterior puesta en marcha de una cadena disciplinaria penal y administrativa acorde con la importancia del medio ambiente.
  • Vivimos un momento de crisis y éstas suelen servir para justificar la rebaja proteccionista y reguladora pero las normas siguen ahí.
  • Existen organizaciones de todos los colores y gustos para que cada uno de nosotros desarrollemos nuestras ideas o las compartamos. Es un derecho de la persona como particular pero es un error si lo practica el Agente Forestal.
  • En nuestra profesión no pueden existir las objeciones de conciencia. Existe la objeción a la obediencia debida cuando ésta entraña la ejecución de actos que constituyan delito o sean contrarios a las leyes. Lo demás son intereses envueltos en más intereses. Y se contestan conociendo lo que se es y como se ejerce.
Por tanto:
  • Será un colectivo fuerte y bien desarrollado jurídicamente aquel que pueda ejercer con suficiente capacidad la seguridad medioambiental. La importancia radica en las leyes que generan ese o esos cuerpos, en las leyes donde se integren y en las normas y reglamentos que los sustentan. Ahí está el trabajo a realizar por un colectivo corporativo y solidario.
  • Únicamente pueden establecerse organizaciones genéricas de Agentes Forestales cuando estas, además de tener principios adecuados y lógicos, basen sus fines en el desarrollo de la profesión Agente Forestal y este crecimiento aparecerá cuando nuestras competencias y funciones queden aseguradas, cuando tengamos medios suficientes, cuando se sepa quienes somos y como nos llamamos.
  • A través de esa fórmula seremos uno y seremos más fuertes. La seguridad medioambiental de este país tiene que contar con nosotros y nosotros debemos entender más aún, debemos protagonizarla.
  • Como Agentes Forestales y en ejercicio de representación debemos ser exquisitos con lo que se dice y pretende. Debe defenderse aquello ya acordado por todos. Debe ofrecerse únicamente lo que produce nuestro trabajo, es decir el cumplimiento de la legislación vigente. Si la pretensión del propio Agente es modificar ésta, se estará faltando a la profesión.
  • Si lo que queremos es usar el propio nombre de nuestra profesión para cambiar o modificar normas o prestarlo para que sea utilizado por otros con esos fines, nos dispersaremos y seremos arietes en manos de interesados.
  • Somos todos el mismo Agente Forestal cuando ejercemos si lo hacemos conforme a las normas que nos regulan. Si queremos crecer y que nos oigan debemos también ser el mismo Agente Forestal. Exijamos eso, ser un mismo Agente Forestal. Hagámoslo por nuestra profesión, por nosotros.