24 de julio de 2013

REPRESENTACIÓN PROFESIONAL - AGENTES FORESTALES -



Un colectivo con mucho que hablar y discutir, suficientemente grande en número, con funciones y potestades específicas y delicadas, con prestaciones en ámbitos y territorios complicados.
Un colectivo con dependencia orgánica y funcional de distintas y diversas Administraciones públicas, con uniformes parecidos que no son semejantes y que bien pudieran ser iguales, con vehículos mejores y peores, significativos policialmente o policialmente desconocidos. Sí, un colectivo con mucho que hablar y discutir.
Un colectivo desamparado por lo general, envuelto en el desinterés del gestor administrativo, sea político o profesional; que empieza a asomar de forma incipiente en el sector penal medioambiental a la vez que lo hace, curiosamente, el propio sector; que recibe la indiferencia del Ministerio del Interior por intereses corporativos espurios. Sí, tiene mucho que hablar y discutir.
Un colectivo con una función básica y primordial, la policía del medio natural, y con todos esos otros asuntos mencionados por resolver, tiene mucho que hablar y discutir.

Y ahí está uno de los fundamentos del desarrollo de nuestra profesión, la de Agente Forestal. El debate constante. Y esa discusión, ese debate debería venir desarrollándose a través de sindicatos y asociaciones. Con sus defectos y carencias, con sus virtudes. De ellos depende, en buena medida, la exigencia de avance de la profesión, el correcto desempeño de nuestras funciones y finalmente, la defensa del colectivo ante la Administración. Pero algo falta, algo no se hace correctamente.
Asumimos, a veces, como suficiente una relación individual entre el sindicato u organización representativa  y el Agente. Entendemos, y así lo fomentan las grandes organizaciones, que se debe disponer únicamente un sistema de protección de ellas hacia nosotros. Es un sindicalismo pasivo, trasnochado, interesado, que bien estudiado, únicamente sirve cuando poco ya hay que hacer.
El sindicalismo lógico en un colectivo tan específico como el nuestro debe basarse en una idea originaria de la representación social pero con matices. La pluralidad por encima de la individualidad, el conjunto ante todo. La única forma de conseguir avanzar es con una idea común compartida por el mayor número posible de compañeros. El sindicato debe ser el mecanismo que permita el desarrollo de esas ideas, de esas necesidades no el que las diluya. Debe fomentarlas.
Esa idea conjunta debe sobrevenir de los propios Agentes Forestales y son ellos los que en su conjunto deben formarla a través de la pluralidad que representan. En la actualidad, en las mastodónticas organizaciones de representación social existentes, se enfrentan intereses de los propios trabajadores. No pueden representar hechos diferenciales y específicos y el resultado final de cualquier actividad o demanda se disipa en beneficio de la propia organización frente a la profesión o profesiones determinadas. Con el tiempo esto se transforma en mandamiento, crece la organización y se deteriora esta o aquella profesión.
Colectivos como el nuestro, absolutamente específicos en su quehacer, con funciones policiales que deben venir desempeñadas desde la Administración Pública están representados sindicalmente por organizaciones que se implican básicamente en cuestiones laborales genéricas y en mantener sus status bien protegidos. En las más de las ocasiones somos utilizados como arietes de sus demandas cuando se trata de oponer situaciones o hechos a esa Administración pero no encontramos, sin embargo, contrapartidas o datos evidentes de progresos obtenidos por esta profesión a través de ellos.
Tal vez sea por ello, por lo que las Asociaciones profesionales han proliferado. Sin embargo, éstas no pueden acceder a una negociación ya pactada y ordenada en un solo sentido y observan impotentes, en muchos casos, el mal devenir de nuestra profesión. Existe una maraña intencionada sobre la negociación que no permite la intrusión de nadie ajeno a los intereses ya instaurados. Por vía normativa todo está cerrado y bien atado.
Sin embargo, en una situación como la nuestra, con tanta diversidad de dependencia orgánica, una Asociación ha crecido lo suficiente y se ha demostrado también suficientemente operativa para atisbar posibilidades de desarrollo corporativo. La amalgama de Cuerpos y colectivos medioambientales de las Comunidades y municipios no encuentra otro referente administrativo común que el Estado a pesar de que este, curiosamente, no es patrón directo de ninguno de ellos. Este vacío ha posibilitado que AEAFMA sea voz de nuestro colectivo ante la Administración si bien hay que decir abiertamente que esa situación se ha dado porque, antes, así lo habíamos decidido cuantos Agentes la componemos.
Así pues, entendemos en UNPOLF, que esta profesión debe hablar y discutir abiertamente y también estimamos que algunos de los mecanismos para poder hacerlo, siendo los que son, tienen carencias que imposibilitan o impiden hacerlo en toda su amplitud.
Existen dos contextos distintos de negociación. Dos niveles. Uno, el inicial, permite el debate abierto en nuestro propio entorno. Somos un colectivo suficientemente grande para admitir y desarrollar ideas, hablarlas y debatirlas y finalmente decidir sobre ellas.

El otro nivel representa el traslado a la Administración u otros interlocutores válidos de lo convenido. A la Administración se va con una propuesta única, la lleve uno o la lleven tres. Si se pretende ir con tres propuestas en unidad de acción, el sistema se transforma en chirigota y la lógica establece que cada uno lleve la suya. Es decir, la unidad de acción no existe salvo en la cabeza de aquel que tiene interés por parecer ser unidad de acción.

La unidad de acción de estos con aquellos se trabaja. Un colectivo como el nuestro es lo suficientemente grande como para entender lógica la negociación entre determinados intereses. No todos pensamos igual y todas las opiniones deben ser respetadas. Propuestas estas ideas, entran en juego numerosas cuestiones. En el final encontramos la fuerza de la mayoría como motor decisorio.
Sepamos, no obstante, entender esas fuerzas. Deben saberlo quienes tienen la responsabilidad de debatir. Aquel que la posee no debe otorgarla por conveniencia propia y aquel que no la tiene no debe apropiarse de ella con subterfugios porque consiguiéndola y utilizándola en mal sentido la dispondrá en su contra.
Adelante pues con las unidades de acción cuando sean oportunas y cuando se hayan habilitado con lógica y después de un serio y riguroso debate. Demostraremos más fuerza. Pero ante los ojos de los asociados o afiliados, el resultado de la unidad debe distinguirse y explicarse claramente. La propuesta asamblearia de cada organización puede ser debatida y modificada posteriormente en pos de una unidad de acción que pueda revertir beneficios. Correcto. Explíquese pues ese resultado y por tanto, aquello que se va a trasladar en unidad a la Administración.
Hoy, este colectivo no dispone de esos datos. Sin embargo oye y lee una y otra vez congratulaciones acerca de lo bonito y bueno de la unidad de acción como si esta fuera un fin por sí solo. No parece importar el traslado de información a la Administración y menos aún cuál es esa información que se traslada.
Reunión aquí y reunión allá en la que difieren las propuestas según uno lea a una u otra organización de las que ha acudido en unidad de acción. Pedimos esto, dicen unos, y pedimos aquello, dicen otros. Pedimos entrar en la LOFFCCSS, dicen unos, pedimos no entrar, dicen otros. Lo hemos leído tal cual en informaciones referidas a una misma reunión.

Trabajemos pues la unidad de acción si se entiende necesaria y no hagamos el ridículo ante los asociados y afiliados y menos aún ante la Administración y partidos políticos. Porque luego pasa lo que pasa, que unos votan en nuestra contra, otros nos ignoran y nosotros, los Agentes, perdemos la confianza.