16 de enero de 2012

Policía Administrativa Especial - Policía Forestal


     La Ley del Cuerpo de Agentes Forestales, que fue aprobada por unanimidad de todos los representantes políticos de los madrileños, dispone que sus miembros tienen la consideración de Policía Administrativa Especial. Muchas veces lo repetimos pero quizá no tantas nos paramos a pensar qué significado tiene.
   Mediante estas líneas vamos a intentar aclarar un poco qué es eso de la policía administrativa especial y para ello vamos a mostrar un resumen de las ideas recogidas en el texto “Las transformaciones del concepto jurídico de Policía Administrativa”, escrito por el que fue Catedrático de Derecho Administrativo y magistrado del Tribunal Constitucional FERNANDO GARRIDO FALLA. Después vamos a hablar de lo que suponen para UNPOLF estas consideraciones.
         Etimológicamente, “policía” deriva del latín “politia” y del griego “politeia”, en ambos casos, refiriéndose a lo que es propio de la comunidad política (polis). De acuerdo con esto, podemos decir que policía es “el conjunto de la actividad del Gobierno para conseguir los fines del Estado en toda su extensión”. Posteriormente, esta referencia tan amplia fue matizándose y, en la legislación, cuando se hacía referencia a la policía, la existencia de una coacción fue convirtiéndose en un rasgo identificativo de la misma, hasta el punto de que, para muchos, aquella actividad estatal que no se desarrollaba a través de medios coactivos no debía incluirse en el concepto de policía.
La llegada de los Estados de Derecho supuso el reconocimiento de una serie de derechos subjetivos de los particulares, uno de los principales es el de la libertad, por lo que la actividad policial, limitativa de ese derecho, pasó a ser entendida como una facultad de la Administración pública de carácter excepcional.
Con estas consideraciones en mente, RANELETTI definió policía como “aquella manera de actividad pública en el campo de la administración interna que se realiza limitando o regulando la actividad de los particulares y eventualmente, si fuese necesario, por medio de la coacción, a fin de garantizar el todo social y sus partes contra los daños que puedan provenir de la actividad humana”.

Intervención de armas.

Para el Derecho administrativo, la utilización de estas medidas extraordinarias por parte de la policía está amparada en la finalidad del “orden público”, englobada dentro de otra más amplia que es la de la “utilidad pública”. De este modo, los conceptos de policía y orden público han quedado relacionados y por ejemplo, para OTTO MAYER la policía es “la actividad del Estado con vistas a defender, por los medios del poder de autoridad, el buen orden de la cosa pública contra las perturbaciones que las existencias individuales puedan producirle”. 
El orden público fue evolucionando. Al principio se limitaba a que estuviera asegurada la tranquilidad de la calle y a la policía administrativa se la consideró como una policía de seguridad destinada a mantener el orden ante “algaradas y alborotos callejeros”. Pero, ya en los inicios del siglo XX, con la ampliación de los fines del Estado, el concepto de orden público se fue extendiendo a los nuevos sectores de intervención y, “junto a esa policía de seguridad que, por antonomasia, siguió denominándose policía general, comenzó a hablarse de policías especiales” y así surgió, entre otras, la “policía forestal”. Lo qué cambió no fue la finalidad principal de la policía, sino que el concepto de orden público varió hasta alcanzar un sentido más amplio.
Nuestro carácter de Policía Administrativa Especial en materia medioambiental, de policía forestal, nuestra capacidad para restringir derechos de los ciudadanos (identificar, paralizar obras, recabar pruebas, acceder a terrenos, inspeccionar vehículos o macutos,…) en beneficio del orden público, deben hacernos reflexionar a nosotros mismos y a nuestros mandos políticos sobre la necesidad de ahondar en la organización policial que necesita nuestro Cuerpo. Su tarea y sus facultades lo requieren, pasito a pasito se va consiguiendo pese a la obcecación de algunos en negar la realidad, pero queda mucho camino por recorrer y necesitamos políticos concienciados dispuestos a emprender el cambio definitivo.
Los ejemplos en Europa y en el ámbito mediterráneo cada vez son más evidentes: los franceses comienzan a dar el paso, los portugueses ya lo dieron y los italianos, a diferencia del resto, nunca lo perdieron, siguieron firmes y tienen, a nuestro juicio, la mejor policía forestal del mundo, el paradigma al que dirigimos nuestros ojos los que creemos en esta profesión.
Corpo Forestale dello Stato, Italia.
El Cuerpo de Agentes Forestales tiene una importante labor por hacer y cada vez es más demandada por una ciudadanía que pide a los dirigentes políticos una mayor protección legal de nuestros espacios naturales y sus habitantes, como  muestran las sucesivas modificaciones, cada vez más incisivas, del Código Penal o de las respectivas leyes sectoriales.
Pero estas tareas deben realizarse dentro del marco del Estado de Derecho, y los cuerpos policiales, debido a nuestras excepcionales funciones y facultades, tenemos la imperiosa necesidad de configurarnos como entidades especialmente organizadas al objeto de ser eficaces en la defensa de los intereses de la colectividad social, pero también en el respeto de los intereses individuales de sus miembros.
Vivimos una crisis económica sin precedentes, no podemos demandar mayores inversiones monetarias de la administración para mejorar nuestros medios, pero las posibilidades de mejora del servicio al ciudadano no se acaban en lo económico, como tampoco lo hace la posibilidad de que los que damos la cara en el terreno estemos mejor asistidos y más seguros. Hemos oído al Consejero de Presidencia murciano haciendo una declaración lógica que esperemos nuestros dirigentes imiten y desarrollen, del mismo modo que hicieron los gobernantes de la Región de Murcia respecto de los de la Comunidad de Madrid cuando quedó en evidencia, digan lo que digan las malas lenguas o las lenguas temerarias, que los cuerpos de policía como el nuestro encajan mucho mejor en los departamentos de Presidencia, Justicia e Interior que en los de Medio Ambiente. En nuestro caso, hubo reticencias y miedos al principio entre los compañeros, como los hubo cuando se nos dijo que nuestro Director General iba a ser un comisario o el Jefe del Cuerpo un teniente coronel, pero hoy muchos son los que alaban las bondades de la nueva ubicación y pocos los que dicen que volverían a situaciones anteriores y menos aún los que lo hacen en público, ya que, sólo a través de intermediarios o a puerta cerrada, en base a intereses que poco tiene que ver con el desarrollo del Cuerpo, están dispuestos a hacerlo. Esas manifestaciones, de hacerse a la luz, se encontrarían de bruces con el rechazo masivo de sus compañeros, incluso de algunos muy cercanos.

No podemos dejar que nos paren, no podemos permitir que lo hagan los miedos y prejuicios a aceptar lo que somos. UNPOLF ha nacido para ello. Los madrileños, cuya voluntad configuró nuestras facultades, merecen un cuerpo de policía forestal bien organizado y garante del orden público en el medio natural, para que lo puedan disfrutar de forma segura, en las mejores condiciones y de modo que puedan hacerlo, tanto ellos, como las generaciones futuras, durante muchos años.