21 de diciembre de 2011

POLICÍA FORESTAL – PF –

Las profesiones vienen reconocidas además de por muchas cuestiones, fundamentalmente por un nombre. Éste refleja aspectos competenciales de la práctica habitual de la profesión. Así, panadero es aquel que vende o hace pan, pescadero otro tanto pero con pescado, carnicero, tal cual. El funcionario público que vigila e interviene en primera instancia en cumplimiento de la ley, teniendo atribuidas ciertas potestades jurídicas de carácter coactivo, suele ser conocido como policía. Se le suele añadir un término geográfico que alude a donde se practican sus competencias. Por ello reconocemos inmediatamente al policía local o al policía nacional.
El nombre que identifica nuestra profesión debería formarse con criterios parecidos. Y, en parte lo hace y estamos orgullosos de conocernos con un “sujeto” reconocido como “Agente” y un añadido relacionado con aquellos lugares o entes donde realizamos nuestro trabajo. Éste es ya más variable, forestal, medioambiental, rural, protector de la naturaleza y otros. 
No sería la primera vez que cambiáramos de nombre. Ya hemos conocido otros muchos: policías de campos y bosques, monteros, miembros de hermandades, ballesteros y lanceros, guardas, escopeteros, fusileros, migueletes, fusileros guardabosques, salvaguardias reales, celadores de montes, etc.
UNPOLF entiende y cree firmemente que un único nombre debería identificarnos a todos pero bastante tenemos con acudir a presentar una candidatura nominal para los Agentes Forestales de la Comunidad de Madrid. UNPOLF cambiaría únicamente una parte de nuestro nombre profesional. Desaparecería el indeterminado “Agente” por el término que caracteriza la práctica totalidad de nuestras funciones, “Policía”. POLICÍA FORESTAL (PF).
El término “forestal”
Entendemos que debe mantenerse el añadido “forestal” porque a pesar de que no recoge toda la gama de posibilidades geográficas de prestación del servicio si es un nombre que identifica claramente a la profesión, que tiene tradición y que nos diferencia de otros colectivos policiales. La policía forestal (PF).
El término “policía”
Es la nuestra una profesión muy antigua tal vez porque aquello que debe proteger es la base de la vida, es el germen de todo cuanto hay. Ese sentido básico, de protección de la naturaleza, ha de ejercerse, adaptado eso sí, a cada tiempo y a cada demanda medioambiental. A veces así se hizo, en ocasiones la adaptación se hizo a otros intereses.
Nuestra profesión fue sufriendo una paulatina modificación a lo largo del siglo pasado. La protección del medio ambiente se entendió por aquel entonces supeditada a la gestión y así, de forma determinante, se estableció legalmente. Siendo este país como es, el gestor medioambiental no tardó en tergiversar la función policial y protectora del medio natural y la acabó transformando en un simple apoyo técnico con tenues gotas de control y vigilancia. Inmunidad total. El cambio fue progresivo, gradual pero constante. Con el tiempo la profesión acabó por no reconocerse. El término “Guarda”, como se conocía al Agente Forestal actual, mantenía implícitas dos acepciones según fuera nombrado por el ingeniero o por el propio protagonista.
El trasvase de competencias y personal a las distintas autonomías trajo en los últimos veinte años cierto aire de cambio. Pero sobre todo, la generación de una conciencia distinta en el propio profesional y el enfrentamiento ante una nueva realidad medioambiental determinó una actitud distinta y distante a la del técnico forestal. El “guarda” pasó a ser “Agente”.
En estos últimos años, la legislación medioambiental protectora se ha multiplicado enormemente, el ciudadano usa y disfruta constantemente el medio natural, numerosas actividades generan impactos en el medio ambiente y el profesional dedicado a las labores policiales y protectoras de ese medio no ha visto modificaciones que le hayan provisto de medios y competencias claras para adaptarse a los cambios. Por el contrario, en muchos casos, la dependencia orgánica y funcional arrastrada de años anteriores ha servido de ancla para atar al colectivo a un pasado que no sirve, que nada aporta.
Al mismo tiempo se vinieron produciendo numerosos hechos que situaron el espectro medioambiental en una situación demasiado enrevesada. El medio ambiente pasó de ser algo a utilizar, a costa de nada, a ser algo a proteger. Estaba en el día a día social, el impulso fue extremo. De la nada al todo en apenas diez años. Grupos ecologistas, amplios frentes políticos medioambientales, empresas, consultorías, estudios universitarios varios, derecho medioambiental, todo en uno, en una coctelera inmensa en la que no salió, desgraciadamente, algo razonable. El medio ambiente se seguía utilizando, pero de otra manera.
Curiosamente el espacio policial y protector medioambiental fue descubierto por otros colectivos. Así, de forma sorprendente, cuando todas las competencias medioambientales estaban trasvasadas a las Comunidades Autónomas, en el año 1988 se crea el Servicio de Protección de la Naturaleza. Se especializó  parte de un colectivo y se entendió especializado a todo su personal, así sin más. Sin embargo todo el personal especializado que ya trabajaba en las Comunidades Autónomas no fue organizado como Cuerpo policial independiente. Aquella tergiversación interesada de la profesión daba en esos momentos sus últimos coletazos, pero tal vez los más fuertes.
Los Cuerpos de Bomberos al amparo del crecimiento y organización de una Protección Civil fuerte avanzan de forma inexorable y cuando eso ocurre, a veces, penetran en competencias que eran ajenas. Así la extinción de incendios forestales, inmersa hasta entonces en planes de protección medioambientales, pasa a estar englobada en planes de protección civil.
La entrada en la Unión Europea modifica absolutamente los planteamientos de la Administración Pública. Desde ese momento las prestaciones de ésta empiezan a disminuir y las privatizaciones y externalizaciones crecen. El medio ambiente es un espacio, además, a descubrir y estudios, proyectos, obras y servicios se realizan ya desde el exterior de la Administración. Es más, en los últimos años, hasta la vigilancia del medio natural empieza a fomentarse fuera de la Administración.
Hasta el Ejército español modifica sus planteamientos de defensa nacional y establece excepciones medioambientales. Se crea la UME que viene actuando con frecuencia en incendios forestales.
Mientras tanto, los profesionales de la protección medioambiental, con muchísimos años de experiencia colectiva, situados en las Comunidades Autónomas han visto de forma muy distinta todos esos acontecimientos. Salvo una Comunidad que con iniciativa propia formó y desarrolló un Cuerpo policial capaz de enfrentarse de una manera medianamente adecuada a los nuevos retos medioambientales las demás Comunidades han puesto más pegas que ayudas al desarrollo de estos colectivos.
Lo cierto es que asumidos los cambios medioambientales y cuantos otros se han ido generando en los últimos años, la situación es tan evidente que parece lamentable tener que explicarla. Las actividades medioambientales son competencia de las Comunidades Autónomas. De éstas, las labores de policía, vigilancia y control del medio natural están otorgadas a Cuerpos Administrativos dotados, además y para ello, de potestades jurídicas amplias. Estos Cuerpos policiales no están integrados, sin embargo, en la dinámica legislativa policial general.
Surgen equívocos, aparecen intereses corporativos que se valen de esa situación. Y no parece interesar arreglar aquello que es evidente. Porque se está hablando de una prestación que debe dar la Administración y por tanto debe ser eficaz y utilizar al máximo aquello de lo que dispone.
Queda para el final una explicación interna. Algunos o muchos profesionales han asumido de manera personal su propia profesión. La dejación de la Administración, la tergiversación técnica, la introducción de otros colectivos han permitido la dispensa de lo policial y la deriva profesional hacia otra profesión que no es la nuestra, la de técnico medioambiental. Esta función la ejercemos como apoyo, sin más, ya sea este a otros colectivos o ya sea a nuestra propia función policial.
Es por ello que es el momento adecuado de hacer un pequeño cambio que reconozca, a la vez, numerosas situaciones aquí explicadas. Igual que los profesionales de la protección policial medioambiental fueron, con orgullo, guardas forestales y pasaron, posteriormente, a ser Agentes Forestales, hoy deben ser reconocidos como lo que son, Policías Forestales.
Porque eso es lo que hacen, porque esas son su funciones, porque ese es su terreno, tanto competencial como funcional, porque esa es su propia defensa como colectivo y como profesión y porque ese es su futuro. La Policía Forestal (PF).